Embalse Lautaro está solo al 8% de su capacidad
La cuenca del río Copiapó enfrenta un desequilibrio hídrico que se ha acumulado durante décadas y que responde a múltiples factores.
Entre ellos, podemos mencionar la disminución constante de las precipitaciones, la menor acumulación de nieve en la cordillera, los efectos del cambio climático, las altas demandas históricas y el excesivo otorgamiento de derechos de aprovechamiento de agua en ciertos períodos, lo que generó una fuerte presión sobre los recursos hídricos de la cuenca.
A pesar de esto, no creo que podamos hablar de una situación irreversible en este momento. Lo que sí podemos asegurar es que cada año que pasa sin ejecutar las obras necesarias hace que la recuperación sea más difícil y costosa. La principal medida que debemos impulsar es mejorar el Embalse Lautaro. En la actualidad, su capacidad útil es de aproximadamente 25,7 millones de metros cúbicos, pero una parte considerable del agua almacenada se pierde por infiltración, debido a las características del terreno donde fue construido. Esto reduce su capacidad de regulación y lo obliga a funcionar como un embalse de paso en ciertos períodos del año.
La escasa acumulación de nieve en la cordillera significa que tendremos menos aportes de agua durante la temporada de deshielos. A esto se suma una sequía prolongada que afecta a gran parte del norte del país y los bajos niveles de almacenamiento que presenta actualmente el Embalse Lautaro.No obstante, también es importante señalar que la cuenca del Copiapó tiene una larga experiencia enfrentando períodos de escasez hídrica. Las organizaciones de usuarios, agricultores y otros actores hemos tenido que adaptarnos a condiciones cada vez más exigentes a lo largo de los años.
A corto plazo, debemos seguir trabajando para reducir pérdidas en los sistemas de conducción, mejorar el monitoreo mediante telemetría y optimizar la distribución del recurso disponible. Hay que aprovechar al máximo los caudales superficiales que entran desde la cordillera.
A mediano plazo, resulta fundamental llevar a cabo proyectos como la mejora del Embalse Lautaro, la construcción de la compuerta de fondo y otras obras complementarias que aumenten la eficiencia del sistema. Además, es necesario seguir avanzando en infraestructura para recargar acuíferos e incorporar nuevas fuentes de abastecimiento para usos específicos, como la desalación para consumo humano e industrial.
Todavía existen oportunidades concretas para mejorar las condiciones de la cuenca. La mejora del Embalse Lautaro, las obras de recarga de acuíferos, la modernización de la infraestructura de conducción, la incorporación de nuevas fuentes de agua y una gestión más eficiente del recurso pueden contribuir significativamente a revertir la tendencia actual.
Lo que más preocupa actualmente es que la combinación de sequía, cambio climático y falta de infraestructura de regulación reduce las opciones para enfrentar temporadas secas. Por eso, es crucial avanzar en obras que permitan almacenar mejor el agua cuando está disponible y gestionar el recurso de manera más eficiente.
Como Junta de Vigilancia, somos optimistas respecto al futuro, pero también realistas. La recuperación de la cuenca requiere decisiones, inversiones y una visión a largo plazo. Cuanto antes avancemos en esas soluciones, mayores serán las posibilidades de garantizar seguridad hídrica para las futuras generaciones del valle de Copiapó.
Juan Carlos González Zelada
Gerente General
Junta de Vigilancia del Río Copiapó y sus Afluentes (JVRC)